Hace muchos años, pero muchos de verdad, le prometí a un grupo de amigas que escribiría un libro acerca de mi vida. Según pensaban en ese momento tenía cosas para contar. Hoy algunos dirán que esto no es cumplir con la promesa, pero he intentado tantas veces en una hoja en blanco y no pude, que llegué a pensar que jamás lo haría. Finalmente asumí que me resulta más fácil con la compu.
Habrá quien se pregunte para que escribo, otros se interesaran por lo mismo. En fin, si algo he aprendido a través de los años es que todos tienen y tenemos derecho a opiniones distintas.
Tampoco sé con certeza si escribo para alguien, hoy necesito expresarme y encontré una especie de satisfacción al hacerlo por este medio.
Este será mi cuaderno de viaje, aunque no vaya a ningún lugar lejano y mágico. A veces suelo viajar a paisajes recónditos sin moverme del banco del taller. Me alcanza con un pincel en la mano o una hoja en blanco para dibujar fantásticos misterios en microfibra negra.
Por qué hoy y no otro día...? Tampoco sé eso, como desconozco tantas otras cosas o simplemente no me cuestiono. He dejado de hacerme preguntas, resulta difícil vivir, y si además, lo hacemos con un interrogatorio permanente me parece complejo enfrentarnos a los días por venir.
Ya había decidido empezar a escribir, me había propuesto una fecha y todo el detalle, pero esta mañana me superaron las ganas y aquí estoy.
Qué es una manera de exponerme...? Puede ser. Si me gusta? I don't know. Sé al menos que no me lastima, por ahora digo. Hago catarsis con la escritura en lugar de sentarme en el sillón de Graciela (mi psicóloga, una genia!).
Escucho "No reconozco" de Ismael Serrano justo en este instante. En realidad generalmente lo escucho si debo ser honesta.
La plaza me regala un verde intenso, mechado de sombras donde invita al descanso. Los fines de semana suele estar repleta de niños jugando, de padres mateando, de abuelos, de gente. San Francisco tiene ese que sé yo viste! Algunos días huirías lo más lejos que te permitiera el tanque del coche y otros te paraliza, te cobija, te nutre. Uno fluctúa entre una ambivalencia notoria cuando de esta ciudad se trata. Yo he regresado varias veces a pesar de no haber querido, y una vez aquí te adaptás y empezás de nuevo.
Muchos de mis amigos, compañeros del cole, de encuentros furtivos se fueron a otras ciudades, a otros mundos, otros planetas... Vuelven para reencontrarse con los que se quedaron, a festejar los días de la madre, la navidad, el bien ponderado año nuevo... Pero siempre vuelven. Yo también.