Nunca he intentado ser lo que no soy. Además creo que si lo hiciera me costaría mucho deshacerme de tantos defectos y manías, y finalmente mi otro yo sería peor que este.
Tampoco pienso que lo errores no han sido necesarios, por el contrario, la suma de todos ellos, me identifica. Algunas cosas buenas, algunas virtudes traigo conmigo, no lo niego, pero son las menos.
Cada mañana al despertar suelo hacer un repaso de lo que deseo cumplir durante el día, me propongo una meta y si no lo logro soy capaz de autoflagelarme mentalmente de tal modo que el desgaste luego no me deja dormir. Cavilo y doy vueltas buscando nuevas maneras de no fallarme. Para estos detallecitos no hay cura, me parece.
Como madre me juzgo a veces demasiado independiente. Han sido pocos los miedos, ajustados a situaciones que generalmente no dependían de mis manos y sumamente dolorosos, pero pocos.
La maternidad no hizo que replanteara mi vida, ni me limitó en lo absoluto. Siempre supe que quería ser madre, lo deseaba desde lo más profundo de mi esencia y cuando llegó el momento con vicisitudes inesperadísimas, puse manos a la obra.
Me he hecho pocas preguntas, la verdad que cada día que pasa me hago menos planteos al respecto, a veces cuando escucho a alguna amiga, compañera o alumna del taller contando sus experiencias como madres, pocas son las ocasiones en que puedo reflejarme. Las mías han sido simples o las he hecho simples de alguna manera. Amo y me dejo amar por ellos sin condicionamientos ni obsecuencias. Son míos y no lo son. Los ayudo y los dejo ser ,a lo mejor esté equivocada. Tiendo a pensar que no lo hago bien desde algún punto de vista, después de todo cuando crezcan van a encontrar falencias en mi rol, o no lo hacemos todos tarde o temprano. Les pido honestidad con ellos y conmigo, porque siento que de nada sirve mentirse a uno mismo y a los que te rodean, después de todo somos pocos, nos conocemos mucho y nos amamos más.
He tenido diversos amores y a cada uno me he entregado por completo, pues es la única manera de relacionarme que conozco, siempre el todo por el todo.
He ganado y he perdido batallas amorosas, pocas han sido las demostraciones de celos de mi parte, si me han celado mucho. Estoy convencida que si has amado a una persona verdaderamente, ese amor jamás te abandona aunque jamás sea una palabra inabarcable. Supongo, por mi experiencia que esos amores transmutan, cambian, pueden crecer o minimizarse o convertirse en un odio mordaz, pero no extinguirse. Puedo asegurar que duele más dejar de amar, que amar por siempre, aunque siempre también sea una palabra muy grande.
Siempre sincera, en exceso tal vez, he llevado adelante una vida hasta el momento que me llena. Sé sin ánimo de regodeareme en ello que he cometido errores, tremendos algunos inocentes otros, pero errores al fin que han lastimado a otros o a mí, pero como no me cuestiono, los asumo y sigo.
Me han dicho que conmigo no se puede hablar y que nada me satisface.
Yo creo que mis interlocutores no quieren escuchar lo que quiero decir, suele ser mucho más fácil escapar por la tangente, dar vuelta el discurso. Antes escuchaba llorando a pesar de sentir que la realidad no era como me la pintaban. Durante mucho tiempo he llegado a pensar que no se relacionarme con determinadas personas, me sumía en un estado de conmiseración que me restaba energías. Ahora que he crecido y que he ido a terapia me valoro más y no dejo que la del otro sea la última palabra si yo opino lo contrario. También aprendí a pedir perdón, no sé si en el mismo capítulo debía aprender a perdonar, porque me cuesta. Perdonar viene de la mano de olvidar? Porque eso si que no puedo...
Nada me satisface, eso es verdad, siempre quiero más , me gusta ir al límite casi de todo, todo el tiempo y debo hacerme cargo. Nunca es suficiente el dinero, ni la libertad, ni el amor...
No me conformo, me ocupo de hacer diferencias en todo lo que me rodea. No soy amiga de la rutina, me canso con facilidad de las cosas, pruebo nuevas técnicas para seguir haciendo lo que me gusta, todo es un desafío. Todo es elección cotidiana, Te elijo, me elijo, hoy...
El hoy es mi premisa, se han ido tantas personas importantes, tan jóvenes, con tanto talento que vivo el presente sin cuestionaminetos. Me hago cargo de mí y de mi locura.
Soy artista desde el tuétano a los poros de mi piel y aunque cada vez que miro uno mis cuadros o mis dibujos me parezca que le falta un poco de esto o más de aquello, siento que hago referencia a mí misma en cada trazo en cada pincelada. Colores plenos y radiantes me identifican, me reflejan. Soy color, no imagino una vida sólo blanca, sólo negra. Los días se me agrisan de vez en cuando si tengo frío o Martina no ha estado bien, pero se invaden de amarillos y naranjas cuando Lautaro se ríe, o se tornan violáceos si la adolescencia de Cande conduce a la pelea, pero siempre hay un verde que me reconforta entre mate y mate y un celeste limpio de cielo, abierto a la imaginación constante y un rojo pasión que es motor y guía.
Y aunque hay muchas cosas que desconozco, sé con certeza que siempre amancece un nuevo día y puedo volver a empezar, aunque haya dormido poco, fumado mucho y soñado con vos.