Será que aún no se caen las hojas por eso no parece otoño, pero hoy es 21 de marzo o al menos eso dice el calendario.
A veces me pregunto si es verdad eso de que a las estaciones las llevamos dentro.
Medito, se me dio por meditar esta tarde de sol.
Escucho música, no exactamente la que debería estar estudiando para el ensayo de esta noche, mateo y tejo al telar mientras escribo y espero a los peques del turno de las 18. Mujer orquesta le dicen.
Otoño en la piel.
No un otoño de esos que duelen. No la nostálgica tarde que parece alejarme de vos más y más.
Simplemente un otoño que me abraza con dulzura, que genera en mí el deseo incontenible de pintar nuevos paisajes.
Este marzo que prometía ser uno y termina siendo otro, pero renovado, lleno de encuentros con viejos amigos que volaron con brisas de otra estación.
Otoño en la piel, en mi piel que pierde el color que el verano le prestó.
Si es verdad eso de que llevamos dentro las estaciones; yo no me rindo y sigo siendo primavera en el alma, floreciendo en cada pincelada, en cada nueva canción; verano en medio del cuerpo, porque ardo cual sol de mediodía aunque sea 21 de marzo y el calendario diga otra cosa. Por qué no un invierno en tus brazos inmersos en un film en blanco y negro? Y de nuevo otoño, este que comienza a transcurrir contemplando planes de futuros viajes, trabajando mucho, compartiendo mensajes que llegan a destino, generando el anhelo de volver a verte.
lunes, 21 de marzo de 2011
miércoles, 16 de marzo de 2011
Cuestionamiento
Por qué tu felicidad me ilusiona y a la vez, desespera?
Será porque no la compartes conmigo?
Será porque no la compartes conmigo?
martes, 8 de marzo de 2011
Vencimos todos los pronósticos
Para la mujercita de mi vida.
Martina nació un día de Reyes, hace catorce años.
Nadie dijo que ser su mamá iba a ser tarea fácil.
Las estadísticas y los médicos nos anticiparon una pronta separación: "...el 25% de la niñas fallecen antes de los 3 años y el 75% restante ante de los 14..." decía el informe de Jean Aicardi, el neuropediatra que descubrió este síndrome que lleva su nombre. "300 casos en el mundo, primeras hijas (sólo niñas) de un matrimonio joven, presentan una dilatación ventricular provocada por la agenesia completa del cuerpo calloso, un quiste interhemisférico, un síndrome de west asociado, difícil de tratar". Cumplimos con todos los requisitos, pero aquí estamos.
Martina no camina aunque tiene mucha fuerza en sus piernas para ayudarme a pasarla de la silla de ruedas a su cama o al revés.
Martina no habla, pero cada gesto suyo impone su deseo más profundo y lo sabe transmitir, a mí no me cuesta entenderla.
Martina no suma ni resta, ni sabe de sujetos ni predicados, pero cuando se reúne con sus amigas en el cole, se ríe y el mundo mejora.
No canta mi flaca, pero baila cada vez que escucha música, como ahora que suena Sabina.
No recita poemas de amor, pero te abraza y no hay dudas de que es una experta en la materia.
No corre a darte un beso, pero basta un dulce acercamiento para que te regale uno.
Tiene gustos simples: un chocolate con leche, de los grandes... la canción del barquito de Gaby, Fofó y Miliki, que la lleves a mil en su silla, el vértigo, un cuento por la noche de la boca de Candela, la barba de su papá, el abrazo asfixiante de Lautaro, que la aupe como cuando era una beba.
En contra de todo y de todos, vencimos los pronósticos. Decidimos luchar por calidad.
Su vida es un milagro y hace maravillosa la mía.
Hoy me siento mucho más mujer porque soy su mamá.
Martina nació un día de Reyes, hace catorce años.
Nadie dijo que ser su mamá iba a ser tarea fácil.
Las estadísticas y los médicos nos anticiparon una pronta separación: "...el 25% de la niñas fallecen antes de los 3 años y el 75% restante ante de los 14..." decía el informe de Jean Aicardi, el neuropediatra que descubrió este síndrome que lleva su nombre. "300 casos en el mundo, primeras hijas (sólo niñas) de un matrimonio joven, presentan una dilatación ventricular provocada por la agenesia completa del cuerpo calloso, un quiste interhemisférico, un síndrome de west asociado, difícil de tratar". Cumplimos con todos los requisitos, pero aquí estamos.
Martina no camina aunque tiene mucha fuerza en sus piernas para ayudarme a pasarla de la silla de ruedas a su cama o al revés.
Martina no habla, pero cada gesto suyo impone su deseo más profundo y lo sabe transmitir, a mí no me cuesta entenderla.
Martina no suma ni resta, ni sabe de sujetos ni predicados, pero cuando se reúne con sus amigas en el cole, se ríe y el mundo mejora.
No canta mi flaca, pero baila cada vez que escucha música, como ahora que suena Sabina.
No recita poemas de amor, pero te abraza y no hay dudas de que es una experta en la materia.
No corre a darte un beso, pero basta un dulce acercamiento para que te regale uno.
Tiene gustos simples: un chocolate con leche, de los grandes... la canción del barquito de Gaby, Fofó y Miliki, que la lleves a mil en su silla, el vértigo, un cuento por la noche de la boca de Candela, la barba de su papá, el abrazo asfixiante de Lautaro, que la aupe como cuando era una beba.
En contra de todo y de todos, vencimos los pronósticos. Decidimos luchar por calidad.
Su vida es un milagro y hace maravillosa la mía.
Hoy me siento mucho más mujer porque soy su mamá.
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