Hizo todo lo posible para que fuese realidad. Usó cada uno de los artilugios que tuvo a su alcance para que todo sucediera. Dejó de lado cualquier cuestionamiento malintencionado que se cruzara por su cabeza y se convenció de que era posible.
Tomó su bolso y corrió hacia lo que suponía era su mejor destino. Se alejó de todos los recuerdos que la atormentaban y allá, sobre el filo del horizonte, se sumó a la urbe que salía del trabajo.
Tenía que encontrarlo, a pesar de la suerte que estaba completamente echada, tenía que encontrarlo. Tenía que decirle que la vida era una sucesión de hechos infames si cada uno seguía un curso distinto, si no aunaban sueños. Debía confesarle que su corazón estallaba en su ausencia, que las fibras de su cuerpo lo necesitaban más que al mismo aire que la rodeaba ahora y en todo momento.
Sin aliento llegó exactamente a la hora que acordaron los astros conspiradores. Se elevaba el humo del cigarro en su boca y lo vió. Nada impedía hacerle saber de la necesidad de su aroma, de la intriga que la acompañaba en las mañanas solitarias. Se encontraba de repente y sin aviso, imaginándose a su lado, oliendo su cuerpo. Y ahora todo estaba a punto de acontecer. Un abrazo compartido y la duda se iría para siempre.
Nada dijo, no salieron las palabras de su boca, se quedó con todos los motivos encerrados en su garganta.
Silenciosamente él la tomó de la mano sin dejar de mirarla a los ojos, sonrió, la besó y juntos caminaron sin hacerse preguntas.
lunes, 31 de octubre de 2011
viernes, 28 de octubre de 2011
Mi papá cantaba feo...
Mi papá cantaba feo...
Lo sé porque una noche cuando nos fuimos a dormir, (siempre me dormía en medio de sus cuerpos, el suyo y el de mi mamá, más tarde me pasaban a mi cama) me cantó con muchísimo amor una nana espantosa.
Mi papá no sabía andar en patines.
Me di cuenta de eso un mediodía de puro sol cuando se enojó conmigo porque yo sólo me había puesto un patín, a lo que objeté (costumbre en mí) que era chiquita y que si tanto decía que lo hacía mal, lo hiciera él. Se tomó el trabajo de agrandar los patines, eran esos de rulemanes, amarillos como el sol y se los puso. Me hizo correr hasta la calle para ver como realizaba semejante proeza y de repente se cayó. Yo no me reí, simplemente lo miré y le dije: viste si vos te caíste que sos grande, imaginate yo que soy chiquita!
Mi papá viajaba toda la semana y llegaba lleno de golosinas para mí. Yo lo espera ansiosa por darle un abrazo y por volar en el aire cuando me aupaba.
No era un superhéroe, pero una noche cuando llegamos a casa, se había escondido un hombre en el garaje que aún no estaba terminado y permanecía sin portón, para dormir ahí y él le pidió que se fuera porque si no iba a llamar a la policía, pero no le gritó, fue cortés y enérgico, eso me gustó.
No tenía superpoderes, pero del enojo un día, por caprichosa, me hizo entrar en el auto, su Gordini, por la ventanilla. Se contuvo y no me mató. Cómo lo había hecho renegar!!!
No fue un deportista famoso y sin embargo en su bicicleta celeste me llevaba a recorrer el mundo, cruzadita de piernas en el caño interno, cerquita de su corazón que en ese momento no nos fallaba.
No recuerdo si era hincha de algún club de fútbol y nadie sabe darme semejante información.
No sé cuál era su comida favorita, me angustia desconocer tantas cosas.
Si sé que le gustaban las flores y el jardín de casa, que plantó el paraíso y la rosa rococó.
También sé que yo era su mayor tesoro, porque me lo dijo muchas veces.
Mi papá no era bello, pero te miraba con sus graciosos bigotes y dejabas de respirar.
Mi papá no era nada de eso, pero era mío.
Hoy hace treinta y un años que se fue. Finalmente su corazón si se cansó, cesó de latir y me dejó.
Jamás supuse que lo necesitaría un poco más cada día. Dicen que el tiempo cura todas las heridas, pero no puedo creerlo, ésta sigue sangrando de recuerdos no vividos, de experiencias no compartidas.
Mi papá y yo nos vimos por última vez un día domingo. Me dejaron pasar a la terapia, acompañada por mi padrino, su hermano. Me pusieron una bata que iba arrastrando por el suelo aunque me la tomada por los costados. Por fin llegué a la habitación y me volvió a abrazar como cuando llegaba de sus viajes e hizo volar también la bata, quería verme completa me dijo. Nada más existía a nuestro alrededor. Él y yo. Me hizo promesas que no pudo cumplir, pero ya lo perdoné. Ese día no puedo negarlo está grabado en mí como una de esas películas viejas, un tanto descoloridas, pero que aún siguen pasando en los canales del recuerdo.
No volví a verlo y no me resultó difícil adivinar que ya no lo haría cuando escuché a mi mamá llorando en la escalera de la tía Cleyder con el Dr. Bianchini. Lo primero que pensé fue que ya no estaba ahï para mí y sin embargo te juro que jamás te fuiste. Ojalá un día me sea posible volver abrazarte, sentir que vuelo otra vez en tus brazos, que nada en el mundo importa porque estás para mí.
Te extraño, no lo he podido evitar ni un solo día en estos treinta y un años.
Lo sé porque una noche cuando nos fuimos a dormir, (siempre me dormía en medio de sus cuerpos, el suyo y el de mi mamá, más tarde me pasaban a mi cama) me cantó con muchísimo amor una nana espantosa.
Mi papá no sabía andar en patines.
Me di cuenta de eso un mediodía de puro sol cuando se enojó conmigo porque yo sólo me había puesto un patín, a lo que objeté (costumbre en mí) que era chiquita y que si tanto decía que lo hacía mal, lo hiciera él. Se tomó el trabajo de agrandar los patines, eran esos de rulemanes, amarillos como el sol y se los puso. Me hizo correr hasta la calle para ver como realizaba semejante proeza y de repente se cayó. Yo no me reí, simplemente lo miré y le dije: viste si vos te caíste que sos grande, imaginate yo que soy chiquita!
Mi papá viajaba toda la semana y llegaba lleno de golosinas para mí. Yo lo espera ansiosa por darle un abrazo y por volar en el aire cuando me aupaba.
No era un superhéroe, pero una noche cuando llegamos a casa, se había escondido un hombre en el garaje que aún no estaba terminado y permanecía sin portón, para dormir ahí y él le pidió que se fuera porque si no iba a llamar a la policía, pero no le gritó, fue cortés y enérgico, eso me gustó.
No tenía superpoderes, pero del enojo un día, por caprichosa, me hizo entrar en el auto, su Gordini, por la ventanilla. Se contuvo y no me mató. Cómo lo había hecho renegar!!!
No fue un deportista famoso y sin embargo en su bicicleta celeste me llevaba a recorrer el mundo, cruzadita de piernas en el caño interno, cerquita de su corazón que en ese momento no nos fallaba.
No recuerdo si era hincha de algún club de fútbol y nadie sabe darme semejante información.
No sé cuál era su comida favorita, me angustia desconocer tantas cosas.
Si sé que le gustaban las flores y el jardín de casa, que plantó el paraíso y la rosa rococó.
También sé que yo era su mayor tesoro, porque me lo dijo muchas veces.
Mi papá no era bello, pero te miraba con sus graciosos bigotes y dejabas de respirar.
Mi papá no era nada de eso, pero era mío.
Hoy hace treinta y un años que se fue. Finalmente su corazón si se cansó, cesó de latir y me dejó.
Jamás supuse que lo necesitaría un poco más cada día. Dicen que el tiempo cura todas las heridas, pero no puedo creerlo, ésta sigue sangrando de recuerdos no vividos, de experiencias no compartidas.
Mi papá y yo nos vimos por última vez un día domingo. Me dejaron pasar a la terapia, acompañada por mi padrino, su hermano. Me pusieron una bata que iba arrastrando por el suelo aunque me la tomada por los costados. Por fin llegué a la habitación y me volvió a abrazar como cuando llegaba de sus viajes e hizo volar también la bata, quería verme completa me dijo. Nada más existía a nuestro alrededor. Él y yo. Me hizo promesas que no pudo cumplir, pero ya lo perdoné. Ese día no puedo negarlo está grabado en mí como una de esas películas viejas, un tanto descoloridas, pero que aún siguen pasando en los canales del recuerdo.
No volví a verlo y no me resultó difícil adivinar que ya no lo haría cuando escuché a mi mamá llorando en la escalera de la tía Cleyder con el Dr. Bianchini. Lo primero que pensé fue que ya no estaba ahï para mí y sin embargo te juro que jamás te fuiste. Ojalá un día me sea posible volver abrazarte, sentir que vuelo otra vez en tus brazos, que nada en el mundo importa porque estás para mí.
Te extraño, no lo he podido evitar ni un solo día en estos treinta y un años.
viernes, 24 de junio de 2011
El amor
"Que el amor lo es todo,
es todo lo que sabemos del amor."
Emily Dickinson
Hoy una verdad me ha sido revelada.
Sí, se puede amar de mil maneras distintas.
Lo complejo es aceptarlo.
Yo lo asumo.
es todo lo que sabemos del amor."
Emily Dickinson
Hoy una verdad me ha sido revelada.
Sí, se puede amar de mil maneras distintas.
Lo complejo es aceptarlo.
Yo lo asumo.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Hoy me atrevo
Hoy apuesto y gano.
Me escucho repetir sin desacreditar el paso del tiempo: "Abro los ojos, es lunes; cierro los ojos y es viernes".
Se me pasan los días como se filtra el agua entre las manos.
Quisiera detener los relojes.
Quisiera hacer de cada amanecer un momento de gloria, porque nace una nueva oportunidad para hacer que sucedan los milagros.
Nadie me dijo que no somos dioses de un Olimpo urbano.
Como me gustaría que la mañana luminosa me permitiese gozar del sol tímido en la plaza, aunque haya humedad todo el año en esta ciudad que habito, y los mates compartidos superaran cualquier vicisitud, porque permiten la charla sin tapujos.
Qué te parece un almuerzo rústico y calentito para alimentar el alma? Un pucherito, una polenta, un guisito, un locro!!! Cualquiera de esos manjares que me recuerdan las manos de mi tía Cleyder en medio de la cocina, cantando bajito. Extraño instalarme en su casa, hacer de cuenta que es mía otra vez.
Quisiera de nuevo las tardes de paseo del brazo de mi abuelo que me decía que era la más hermosa criatura que la vida le había regalado y yo no dudaba ni un instante de la veracidad de esas palabras. Cuando habla el corazón...
Pero la vida es buena. ahora, en este momento, justo cuando escribo y siento y pienso y existo.
Después de muchos libros de autoayuda sé con certeza que el Universo conspira a mi favor, sé que me amo y que me perdono, que bendigo y libero a aquellos que me complican la existencia, complican nomás, no impiden, ni mutilan sentimientos. No pueden conmigo.
Los horóscopos han sido optimistas este último tiempo o eso creo.
Tengo la suerte de trabajar en lo que más me gusta, en lo que me representa, en eso que amo.
Mezclo pinturas para crear mis propios paisajes, invento flores que sólo aromatizan mi destino, ojos que me miran de soslayo o directamente, pero no dejan de mirarme.
Me lleno de risas de niños prestados por dos horas semanales a los que trato de enseñarles la magia de generar algo nuevo con colores y crayones: monstruos buenos, princesas con príncipes azules, casas-castillos donde no existen los miedos.
Tramo abrigos de texturas variadas que abrigan cuerpos y almas por igual.
Y cuando por fin la noche llega a mi puerta distingo un vendaval de risas que me cuentan los acontecimientos diarios, los juegos de recreos, las evaluaciones difíciles, las diferencias entre amigos, el último partido de básquet, los futuros paseos colectivos.
Hoy creo, tengo fe, la esperanza me invade y me anoticia de sucesos infinitamente beneficiosos. Encuentros esperados, canciones de amor, poemas idílicos.
Y todo vuelve a empezar y me preparo para seguir añorando, para seguir trabajando, para seguir amando.
Hoy me atrevo a decir que todo es posible, apuesto y gano, porque deseo ser feliz y lo logro, aunque cueste.
Me escucho repetir sin desacreditar el paso del tiempo: "Abro los ojos, es lunes; cierro los ojos y es viernes".
Se me pasan los días como se filtra el agua entre las manos.
Quisiera detener los relojes.
Quisiera hacer de cada amanecer un momento de gloria, porque nace una nueva oportunidad para hacer que sucedan los milagros.
Nadie me dijo que no somos dioses de un Olimpo urbano.
Como me gustaría que la mañana luminosa me permitiese gozar del sol tímido en la plaza, aunque haya humedad todo el año en esta ciudad que habito, y los mates compartidos superaran cualquier vicisitud, porque permiten la charla sin tapujos.
Qué te parece un almuerzo rústico y calentito para alimentar el alma? Un pucherito, una polenta, un guisito, un locro!!! Cualquiera de esos manjares que me recuerdan las manos de mi tía Cleyder en medio de la cocina, cantando bajito. Extraño instalarme en su casa, hacer de cuenta que es mía otra vez.
Quisiera de nuevo las tardes de paseo del brazo de mi abuelo que me decía que era la más hermosa criatura que la vida le había regalado y yo no dudaba ni un instante de la veracidad de esas palabras. Cuando habla el corazón...
Pero la vida es buena. ahora, en este momento, justo cuando escribo y siento y pienso y existo.
Después de muchos libros de autoayuda sé con certeza que el Universo conspira a mi favor, sé que me amo y que me perdono, que bendigo y libero a aquellos que me complican la existencia, complican nomás, no impiden, ni mutilan sentimientos. No pueden conmigo.
Los horóscopos han sido optimistas este último tiempo o eso creo.
Tengo la suerte de trabajar en lo que más me gusta, en lo que me representa, en eso que amo.
Mezclo pinturas para crear mis propios paisajes, invento flores que sólo aromatizan mi destino, ojos que me miran de soslayo o directamente, pero no dejan de mirarme.
Me lleno de risas de niños prestados por dos horas semanales a los que trato de enseñarles la magia de generar algo nuevo con colores y crayones: monstruos buenos, princesas con príncipes azules, casas-castillos donde no existen los miedos.
Tramo abrigos de texturas variadas que abrigan cuerpos y almas por igual.
Y cuando por fin la noche llega a mi puerta distingo un vendaval de risas que me cuentan los acontecimientos diarios, los juegos de recreos, las evaluaciones difíciles, las diferencias entre amigos, el último partido de básquet, los futuros paseos colectivos.
Hoy creo, tengo fe, la esperanza me invade y me anoticia de sucesos infinitamente beneficiosos. Encuentros esperados, canciones de amor, poemas idílicos.
Y todo vuelve a empezar y me preparo para seguir añorando, para seguir trabajando, para seguir amando.
Hoy me atrevo a decir que todo es posible, apuesto y gano, porque deseo ser feliz y lo logro, aunque cueste.
lunes, 21 de marzo de 2011
Otoño en la piel
Será que aún no se caen las hojas por eso no parece otoño, pero hoy es 21 de marzo o al menos eso dice el calendario.
A veces me pregunto si es verdad eso de que a las estaciones las llevamos dentro.
Medito, se me dio por meditar esta tarde de sol.
Escucho música, no exactamente la que debería estar estudiando para el ensayo de esta noche, mateo y tejo al telar mientras escribo y espero a los peques del turno de las 18. Mujer orquesta le dicen.
Otoño en la piel.
No un otoño de esos que duelen. No la nostálgica tarde que parece alejarme de vos más y más.
Simplemente un otoño que me abraza con dulzura, que genera en mí el deseo incontenible de pintar nuevos paisajes.
Este marzo que prometía ser uno y termina siendo otro, pero renovado, lleno de encuentros con viejos amigos que volaron con brisas de otra estación.
Otoño en la piel, en mi piel que pierde el color que el verano le prestó.
Si es verdad eso de que llevamos dentro las estaciones; yo no me rindo y sigo siendo primavera en el alma, floreciendo en cada pincelada, en cada nueva canción; verano en medio del cuerpo, porque ardo cual sol de mediodía aunque sea 21 de marzo y el calendario diga otra cosa. Por qué no un invierno en tus brazos inmersos en un film en blanco y negro? Y de nuevo otoño, este que comienza a transcurrir contemplando planes de futuros viajes, trabajando mucho, compartiendo mensajes que llegan a destino, generando el anhelo de volver a verte.
A veces me pregunto si es verdad eso de que a las estaciones las llevamos dentro.
Medito, se me dio por meditar esta tarde de sol.
Escucho música, no exactamente la que debería estar estudiando para el ensayo de esta noche, mateo y tejo al telar mientras escribo y espero a los peques del turno de las 18. Mujer orquesta le dicen.
Otoño en la piel.
No un otoño de esos que duelen. No la nostálgica tarde que parece alejarme de vos más y más.
Simplemente un otoño que me abraza con dulzura, que genera en mí el deseo incontenible de pintar nuevos paisajes.
Este marzo que prometía ser uno y termina siendo otro, pero renovado, lleno de encuentros con viejos amigos que volaron con brisas de otra estación.
Otoño en la piel, en mi piel que pierde el color que el verano le prestó.
Si es verdad eso de que llevamos dentro las estaciones; yo no me rindo y sigo siendo primavera en el alma, floreciendo en cada pincelada, en cada nueva canción; verano en medio del cuerpo, porque ardo cual sol de mediodía aunque sea 21 de marzo y el calendario diga otra cosa. Por qué no un invierno en tus brazos inmersos en un film en blanco y negro? Y de nuevo otoño, este que comienza a transcurrir contemplando planes de futuros viajes, trabajando mucho, compartiendo mensajes que llegan a destino, generando el anhelo de volver a verte.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Cuestionamiento
Por qué tu felicidad me ilusiona y a la vez, desespera?
Será porque no la compartes conmigo?
Será porque no la compartes conmigo?
martes, 8 de marzo de 2011
Vencimos todos los pronósticos
Para la mujercita de mi vida.
Martina nació un día de Reyes, hace catorce años.
Nadie dijo que ser su mamá iba a ser tarea fácil.
Las estadísticas y los médicos nos anticiparon una pronta separación: "...el 25% de la niñas fallecen antes de los 3 años y el 75% restante ante de los 14..." decía el informe de Jean Aicardi, el neuropediatra que descubrió este síndrome que lleva su nombre. "300 casos en el mundo, primeras hijas (sólo niñas) de un matrimonio joven, presentan una dilatación ventricular provocada por la agenesia completa del cuerpo calloso, un quiste interhemisférico, un síndrome de west asociado, difícil de tratar". Cumplimos con todos los requisitos, pero aquí estamos.
Martina no camina aunque tiene mucha fuerza en sus piernas para ayudarme a pasarla de la silla de ruedas a su cama o al revés.
Martina no habla, pero cada gesto suyo impone su deseo más profundo y lo sabe transmitir, a mí no me cuesta entenderla.
Martina no suma ni resta, ni sabe de sujetos ni predicados, pero cuando se reúne con sus amigas en el cole, se ríe y el mundo mejora.
No canta mi flaca, pero baila cada vez que escucha música, como ahora que suena Sabina.
No recita poemas de amor, pero te abraza y no hay dudas de que es una experta en la materia.
No corre a darte un beso, pero basta un dulce acercamiento para que te regale uno.
Tiene gustos simples: un chocolate con leche, de los grandes... la canción del barquito de Gaby, Fofó y Miliki, que la lleves a mil en su silla, el vértigo, un cuento por la noche de la boca de Candela, la barba de su papá, el abrazo asfixiante de Lautaro, que la aupe como cuando era una beba.
En contra de todo y de todos, vencimos los pronósticos. Decidimos luchar por calidad.
Su vida es un milagro y hace maravillosa la mía.
Hoy me siento mucho más mujer porque soy su mamá.
Martina nació un día de Reyes, hace catorce años.
Nadie dijo que ser su mamá iba a ser tarea fácil.
Las estadísticas y los médicos nos anticiparon una pronta separación: "...el 25% de la niñas fallecen antes de los 3 años y el 75% restante ante de los 14..." decía el informe de Jean Aicardi, el neuropediatra que descubrió este síndrome que lleva su nombre. "300 casos en el mundo, primeras hijas (sólo niñas) de un matrimonio joven, presentan una dilatación ventricular provocada por la agenesia completa del cuerpo calloso, un quiste interhemisférico, un síndrome de west asociado, difícil de tratar". Cumplimos con todos los requisitos, pero aquí estamos.
Martina no camina aunque tiene mucha fuerza en sus piernas para ayudarme a pasarla de la silla de ruedas a su cama o al revés.
Martina no habla, pero cada gesto suyo impone su deseo más profundo y lo sabe transmitir, a mí no me cuesta entenderla.
Martina no suma ni resta, ni sabe de sujetos ni predicados, pero cuando se reúne con sus amigas en el cole, se ríe y el mundo mejora.
No canta mi flaca, pero baila cada vez que escucha música, como ahora que suena Sabina.
No recita poemas de amor, pero te abraza y no hay dudas de que es una experta en la materia.
No corre a darte un beso, pero basta un dulce acercamiento para que te regale uno.
Tiene gustos simples: un chocolate con leche, de los grandes... la canción del barquito de Gaby, Fofó y Miliki, que la lleves a mil en su silla, el vértigo, un cuento por la noche de la boca de Candela, la barba de su papá, el abrazo asfixiante de Lautaro, que la aupe como cuando era una beba.
En contra de todo y de todos, vencimos los pronósticos. Decidimos luchar por calidad.
Su vida es un milagro y hace maravillosa la mía.
Hoy me siento mucho más mujer porque soy su mamá.
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